En la hora más dificil de nuestras vidas, eramos Raúl y yo... Solo nosotros! Entramos solos, pero con la certeza de que todos estaban orando por nosotros!
Acomodan nuestra camilla en un espacio para preparar todo antes de seguir. Llega el anestesiólogo (un hombre que en minutos se volvió mi soporte y me daba valor). Pasaban los minutos y mi doctor no llegaba, el anestesiólogo iba a retirarse y nos estaban quitando el cuarto para realizar otra cesárea.
No era suficiente estres ya el saber que mi hijo nacería muy prematuro? Y ahora me caían más problemas... Y ZAZ! Se hizo la luz! Llegó mi doctor y como se dice en buen panameño: fue pal cuero de una!
Los minutos se hacían eternos y yo intentaba ocultar mi preocupación bajo un positivismo que contagió a todos en la sala. Todos tenemos diferentes maneras de enfrentar las dificultades, pues la mía es sacarle una sonrisa a cada situación! Suena algo inmaduro, no? Pero por el contrario, requiere mucho más esfuerzo, ya que te guardas el dolor para ti.
1:44pm el momento esperado, escucho un llanto que jamás olvidaré. Era la primera vez que lo escuchaba pero, para mi, sonaba tan familiar. Mis ojos recorrian la habitción buscándolo, entre el tumulto de gente y voces. Intenté mover mis brazos, cuando recordé que me los habían amarrado a la camilla y rogué pra que me lo soltaran.
Cinco segundos... Tan solo nos dieron cinco segundos para conocernos. Y yo sólo pude decirle: "Te amo, papi. Todo va a estar bien!" Y se lo llevaron... A enfrentar la batalla de su vida. Cómo iba a lograrlo si me alejaban de él? Él tenia pocos minutos de vida y ya debía luchar... y solo?
El doctor siguió con el proceso de "cerrado" y allí fue cuando me dijo que la placenta ya se estaba desgarrando, que si hubiesemos esperado más, quién sabe lo que habría pasado con ambos! Y ese proceso fue un poco tedioso... Vi batallar tanto al doctor con mi cuerpo, que en mi inocencia le dije: "si le está dando problema, corte grasa y así cierra mejor!". Las risas se apoderaban del salón de operaciones.
Luego que acabó todo el procedimiento, agradecí a todos los involucrados y me trasladaron a la sala de recobro, a la cual yo denominé: sala de tortura. Y no es porque me hiciesen algo malo, sino porque estuve toda esa hora pensando en mi hijo. No sabía nada de él y no iba a saber nada hasta que me regresaran a mi habitación. Sesenta minutos pensando en ese rostro y que lo único que recordaba era la forma de su boquita y su cuerpo frágil.
Al llegar a la habitación estaban todos esperandome. Allí supe una noticia agridulce: Raúl Andrés estaba bien, pero debía pasar de 4 a 6 semanas en incubadora. Y aún nadie podía verlo. Tuve que aguantar el llanto y sonreir a todos los que fueron a visitar. Debía mostrar que no sentía dolor, y a decir verdad, no sentía dolor físico... Pero por dentro, en mi corazón, no paraba de llorar.
Raúl Andrés estuvo 38 días hospitalizado, y no hubo un día de esos en que no llorara em mi soledad. No podía llorar frente a Rey, ya que era egoista. Él también sufría, pero yo debía ser fuerte para con mi esposo.
Los días más difíciles? Fueron muchos, casi todos, pero unos más que otros:
- El día en que me dieron de alta: cada madre, luego de dar a luz, se va a casa con su hijo en brazos. Yo no. Salí con las maletas y globos, pero sin bebé.
- El fin de semana siguiente a mi salida: pensábamos distraernos, en realidad Rey lo necesitaba más que nunca, podía verlo en su rostro. Pero hubo un problema y debido a ello, nos sentimos más solos, sentimos bastante dolor por ello.
- El 24 de diciembre: ese día nos dieron una terrible noticia. Los examenes que le practicaron a Raúl salieron alterados y debían practicarle una punción lumbar, para descartar meningitis. Ese fue uno de los pocos días que no pude ocultar mi dolor frente a Rey y rompí en llanto.
Mi hijo nos dio una lección de valor, fuerzas y ganas de vivir! No falté a verlo ninguno de los 38 días. Ni cuando no tenía quien me llevara al hospital, iba por mis medios, pero no podía fallarle a mi hijo.
Fue triste y doloroso? Si! Pero sabía que debía pasar eso para conocer la felicidad absoluta! Hubo pocos días en los que lloré de felicidad frente a Raúl: la primera vez que me lo dieron a cargar, la primera vez que se pegó a mi pecho, y la primera vez que lo vi fuera de la incubadora. En esas veces yo no era la única que lloraba, las enfermeras compartían mis alegrías, al igual que las madres y padres de los otros bebés de la sala.
Hoy miro hacia atrás y sé que valió la pena. Hoy sé que no cambiaría nada, porque todo me trajo a mi presente... y mi presente es HERMOSO! Despierto cada mañana al lado de dos hombres maravillosos (uno pequeño y otro 37 años más pequeño).
Si tienen un problema, piensen en que será eventual, y que sus vidas no se deben detener por eso! Sigan adelante, se lo deben a su yo del futuro!
Raúl Andrés me hizo conocer días tristes... Pero hoy, en cada minuto, llena mi corazón de felicidad...
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