Fue un lindo
martes en la ciudad de Panamá, en el que la mayoría de los habitantes lucían
una prenda color rojo… por las calles se sentía la emoción.
Llegadas las 3:40
p.m. suena el teléfono en mi escritorio, la recepcionista me informa que mi
esposo ha llegado, salgo y bajo junto con él al Mall para buscar esos sweters
rojos que de sólo verlos se hincha mi pecho al recordar lo que para un país
significa.
Llegamos a la
primera tienda y justo el primero que agarramos le entallaba perfecto a
Reinaldo y por desgracia no había ninguno que me quedara; la misma suerte corrí
en las siguientes tiendas a las que corrí en busca de aquel artículo.
Al final quede comprando
un t-shirt color rojo, simple, sin nada impreso; y un pantaloncito corto. Subí
nuevamente a mi oficina para buscar mis pertenencias mientras Reinaldo, como
siempre, buscaba algo de comer.
Como faltaba poco
para la hora de salida de mi esposo, armamos un plan. Yo lo dejaría en la
oficina y esperaría cerca a que él saliera para inmediatamente agarrar rumbo al
estadio. Por qué incluyo esto en mi historia? Porque justo cuando Reinaldo se
baja de mi auto, aparece una molestosa luz en el tablero del vehículo, y desde
ya sabía que Murphy quería estropear mis planes. Sí señoras y señores, me
estaba quedando sin gasolina.
Sin importarme
esto, me fui a dar vueltas mientras mi esposo salía, en ese trayecto logré
cambiarme de vestuario y ponerme lo que había comprado hacía unos minutos.
Tengo un gran record cambiándome la ropa mientras manejo.
Cuando Rey por
fin salió y lo recogí eran las 5:12 p.m. y ya se veía que el tranque iba a ser
violento. Siendo aún ilusos pusimos el waze para tener una idea de lo que íbamos
a tardar en llegar y para mi asombro salía que antes de las 6:00 p.m.
llegábamos a los alrededores del estadio.
En las calles se
sentía bastante la emoción, el corredor sur estaba llenísimo, pero los carros
avanzaban despacio. Cuando salimos a las áreas de Chanis, el tráfico era más
denso, pero aún así circulábamos… Aunque
ya no importaba tener que esperar un poco más, si estábamos cerca de nuestro
destino.
Estacionamos el
carro donde nos indicó un niño de unos 10 años, que quería ganarse unos cuantos
dólares ayudando a la gente a conseguir estacionamientos. Por cosas del
destino, este era uno afuera de la Iglesia San Judas Tadeo, y justo cuando nos
bajamos iba entrando alguien a ella y se le podía escuchar lo furioso que
estaba contra nosotros.
Desde que pisamos
los terrenos fuera del Rommel Fernández se veía la emoción… Todo era ROJO! Mucha
seguridad en el área fue algo que me gustó. Pedimos que nos indicaran por dónde
debíamos entrar y en el camino nos topamos con conocidos.
En mi caso, como
íbamos con un grupo grande, que incluía una banda independiente, fue bastante
complicada la organización de dónde nos sentamos y quién falta y demás.
Ya instalados,
hubo un incidente con un gorila, porque eso era: un gorila. Un simio que sólo
por simular fortaleza, pero sin nada en el cerebro, creía que nos podía
intimidar. Quién era este gorila? Un seguridad del “Vicepresidente” que tenía
esa área reservada para él y no quería que nadie ni oliera cerca de allí. Qué
feo fue eso.
Desde que la
banda independiente llegó, no dejé de saltar y gritar cual loca desquiciada
queriendo así darle buenas vibras a mi país. Mientras, bebía mi par de vasos de
cervezas, como dice el panameño: “para entrar en ambiente”.
Los 11
protagonistas salieron a la cancha y se veía en ellos la emoción. Sí, digo 11,
porque sólo cuento a los de mi país, no a los intrusos que llegaron desde
Canadá.
Fue una lluvia de
emociones lo que sentí al escuchar las notas de mi Himno Nacional sonar en
aquel estadio. Con la mano en mi pecho me sentí orgullosa de nacer en Panamá. Y
justo cuando me emocionaba cantando, me pausaron.
Luego del pitazo
inicial, todo fue emoción, gritos y pintas iban, pintas venían… Yo he estado en
lugares con gente revoltosa, pero eso era algo sin igual… Miles de personas con
las mismas ganas de ver a su equipo golear!
Me descuidé un
momento de y de repente la gente gritaba más fuerte, cuando miro a la portería
contraria… GOOOOLLLLLLLL!!! Y un baño de cervezas me cae encima! Decir que todo
eso era una locura es quedarme corta.
Luego de la
celebración, continúa el juego y cerca de otra jugada de gol, se va la luz… Se
detiene el juego, pero sigue corriendo el tiempo y así también mientras pasaba
cada minuto, pasábamos más pena a nivel internacional. El problema fue un bajón
a nivel de todos los alrededores del estadio, sí, Electra Noreste y Unión
Fenosa troleando el juego.
Después de un
tiempo me comencé a marear y decidí sentarme (estuve hasta ese momento de pie,
toda la distancia)… Luego de agarrar fuerzas volví a pararme y justo cuando le
decía a Reinaldo que al minuto 60 nos fuéramos, cayó el 2do GOL!
Más de 20 mil
personas en el estadio saltaron y celebraron y Blas Pérez fue el causante de
tal hazaña… Luego me enteré que el gol fue dedicado a su papá, quien falleció
hace meses.
Ya después de ese
gol, sólo pude aguantar unos minutos más y nos fuimos… Aún permanecían agentes
de policía en todos lados, custodiando que todo, preservando nuestra seguridad.
Está de más decir
que en las próximas ocasiones en las que juegue la Selección de Panamá en el
Rommel Fernández, estaré allí… gritando y aplaudiéndolos, como los campeones que los considero.