Monday, May 11, 2015

Conocer la tristeza, para ser feliz! Parte 1

Hoy un amigo me recordó uno de mis post pasados y por eso he decidido volver a escribir.

Quienes leen esto, estan por lo menos en alguna de mis redes sociales y sabe por el camino que he atravesado (en los post anteriores también pueden descubrir parte de mi historia).

Hace ya casi un año descubrí una noticia que me cambió la vida, que me hizo ver que los milagros existen: estaba embarazada! Y es graciosa la forma en la que me enteré...

Mi esposo y yo teníamos meses sin hacer tratamientos de infertifilidad, ya que habíamos gastado mucho y sin obtener resultados (aparte de que era doloroso ver siempre resultados negativos). Ibamos justo a iniciar una nueva ronda de tratamiento, pero el doctor que me revisó en ese momento me dijo que ese mes yo NO iba a ovular, así que debía esperar a tener el periodo para poder hacerme más examenes. Y en esos meses mi periodo era irregular, asi que esperé... Hasta que un día, en el que ya estaba cansada de esperar, decidí hacerme la prueba de embarazo. Yo siempre había dicho que Morphy la tenía conmigo y que si me iba a hacer la prueba, me iba a venir la menstruación, así que a eso fui. De regreso de la sacada de sangre (iba manejando con un brazo porque el otro debía mantenerlo doblado por 5 minutos), trepé el carro en la garita del apartamento y flatié una llanta... El mundo conspiraba conta mi... Cuando llegó Rey, y luego de cenar, fuimos en búsqueda del resultado, con 0.0% de esperanza de ver un positivo. Las lágrimas se apoderaron de mi rostro cuando abrí el sobre y sólo pude reaccionar abrazando a mi esposo... Era el momento que tanto esperaba y NO estaba preparada para ello.

Decidimos llamar a nuestro doctor de confianza y nos dio cita de inmediato para empezar a cuidar de ese pequeño ser, cuanto antes! Por esas casualidades de la vida, el doctor decidió recetarme aspirina, entre todo el conjunto de pastillas... Y me sentía bien!

Día a día surgieron los cambios en mi cuerpo, comenzando por las naúseas y vómitos (bajé de peso los primeros meses); un bulto, que ya no era gracias a McDonalds, se apoderaba de mi vientre; y un brillo inusual desprendía de mi ser.

Decidimos hacer sacrificios, yo dejaría mi empleo para poder cuidar de ese ser que crecía en mi; Rey tuvo que desprenderse del carro que tanto quería, para que pudieramos comprar uno seguro para el bebé; y mantuvimos el secreto lo más que pudimos.

Todo iba bien, iba... En la cita del 6to mes, el doctor detectó que estaba a poco de sufrir de preeclamsia, que debía cuidarme más y controlar mi presión. Tuve el apoyo de mi familia y amigos, dándome ánimos... Pero en silencio, lloraba. Tenía tanta ilusión con este embarazo y me sentía culpable de que mi cuerpo no fuese lo suficientemente fuerte para cuidar de mi hijo.

Las citas con el doctor empezaron a ser más frecuentes y tenía que mantenerlo al tanto, día a día, de mi estado.

Una tarde, el 5 de diciembre, todo cambió! Empecé a sentir los sintomas de alerta (aquellos que el doctor me había indicado que eran peligrosos) y cuando llegué al consultorio, ya me estaba esperando con una orden de hospitalización. De no ser por las fuerzas y ánimos que recibía de mi suegra y esposo, no sé lo que habría pasado.

Esa noche fueron mi familia y mis mejores amigos a visitarme. No estabamos solos. Raúl y yo teníamos a quienes nos amaban cuidando de nosotros. Pero ni aún así, podía dejar de sentir miedo. En las noches, cuando estábamos solos, yo tocaba mi barriguita al compás de una canción de cuna, para hacerle saber que Mami estaba allí. Pasé el día de las madres en esa cama de hospital... Me dieron salida el martes 9, al medio día. Y decidimos quedarnos donde mi suegra hasta que el bebé naciera, ya que allí tendría ayuda 24/7. Lo que no sabíamos era que no faltaba mucho para ello...

Antes de darme de alta, mi doctor me informó que en mis examenes se mostraba lo que me estaba afectando, era algo llamado anticuagulante lúpico, y que debido a eso, podía perder al bebé en el primer o en el último trimestre. Y que esto no había sucedido gracias a las aspirinas que, sin razón alguna, él me había recetado al inicio del embarazo!

El jueves 11 en la tarde, volví a sentir aquellos sintomas de alerta y corrimos al hospital! Al llegar le dije, de forma jocosa, al doctor: "A las cuántas hospitalizadas salgo de aquí con el bebé en brazos?" Y su respuesta me dejó perpleja: "Tu no vas a salir del hospital hasta dar a luz a tu bebé"!

Esa madrugada tuve un episodio de mareo fuerte, con zumbidos en el oido que fue casi eterno, al contarle al doctor cuando pasó de visita me dijo: "bueno mama, tu hijo nace mañana!" En ese momento no sabía cómo reaccionar... Fui un manojo de nervios, y empeoró cuando caí en cuenta que mi hijo nacería un 13 de diciembre!! Esa fecha en la que dos años atrás había perdido a mi bebé!

Casi no dormí aquella noche, en mi insomnio le escribí una carta a mi esposo. En la carta le pedía que si lo ponían a escoger, que eligiera al bebé sobre mi... fue duro escribir eso, pero era el sacrificio que estaba dispuesta a pagar por mi hijo. A las 12md ya estaba lista para bajar al cuarto de operaciones, mi esposo, mi suegra y cuñada nos acompañaban. Y en la entrada de la sala de operaciones le dijeron a mi esposo que por política del hospital no se le permitía acompañarme ya que solo tenía 30 semanas de gestación y era un procedimiento riesgoso, así que de allí en adelante, eramos Raúl y yo solamente!

Lo que pasó después, se los dejo para una 2da parte.

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