Me sugirieron que escribiera
la historia de cómo perdí a mi bebé el año pasado. No lo había hecho, quizás
por dolor, ya que recordar todo lo que pasé aún tiene efectos en mí.
Como la mayoría de los que
me leen saben, yo estuve en tratamiento de fertilidad para poder ser mamá (algo
que anhelo como toda mi alma), y para dicho tratamiento, fui a la clínica IVI
Panamá (están frente a ASSA de Calle 50), ya que antes me había consultado con
ellos y según su amplia experiencia en España, nos decían que eran los mejores.
Luego de casi tres meses de
tratamiento, quedé embarazada. Como tenía que llevar un calendario con todas
mis fechas, me enteré muy temprano del embarazo, por lo que acudimos
inmediatamente a cita con el ginecólogo, el Dr. Saúl Barrera. En esa primera
cita me mandaron unas pastillas de hormonas, diferentes a las que ya estaba
tomando, por sólo 15 días.
A dos días de acabar esas
pastillas, tuvimos cita de nuevo con el ginecólogo. En esa consulta pudimos
escuchar los latidos del bebé, y fue tan real. Para nosotros, que aún no
creíamos en que pudimos quedar embarazados, fue tan lindo. De allí ya estábamos
más emocionados aún con nuestro bebé.
En esa consulta el doctor me
dice que ya puedo suspender las hormonas, porque ya mi cuerpo debe crearlas.
Haciendo un poco de historia, les recuerdo que yo tengo ovarios poliquísticos y
por ende, problemas al crear hormonas. Luego, nos pone cita para un mes después
(10 de diciembre de 2012)
De aquí en adelante les
hablaré con fechas y días exactos, ya que todo pasó tan rápido y recuerdo cada
día como si fuese hoy.
Una semana antes de la cita,
el jueves 6 de diciembre, yo me percato que comencé a sangrar, por lo que procedía a llamar al teléfono de
emergencia de la clínica y me respondieron que fuera urgente para allá.
Estando allá nos atiende
otra doctora, me hace el ultrasonido y me comienza a dar mala espina. Le
pregunto por los latidos del bebé; ya que la vez anterior se veían y escuchaban
súper claritos y esta vez no se veía ni escuchaba nada; ella me responde que estaban muy débiles y por
esa razón no se escuchaban. Primera mentira.
Después de revisarme, me
manda a inyectarme hormonas porque supuestamente el embarazo “se estaba
deteniendo y el bebé no se estaba desarrollando como debía”. Por ello me mandó
3 inyecciones de hormonas (una jueves, otra sábado y la última el lunes).
El viernes 7 comienzo a ver
señales de que ya me estaba infectando (tenía brotes que estaban llenos de “pus”,
5 en la cara, uno en la espalda y otro en el brazo). A esto no le di la tan
importancia que debía.
El sábado 8, siguiendo con
el tratamiento, me inyecto las hormonas. Y
comienzan las fiebres altas en las noches.
El lunes 10, vamos a la
consulta con el ginecólogo. Éste procede a hacerme el ultrasonido e identifica
que “el bebé se ve como de 6 semanas,
una semana menor con respecto al jueves 6”. A todo esto, yo debería tener casi
12 semanas.
Como consejo del doctor está
en que me hiciera un examen de hormonas ese lunes y otro el miércoles y así
determinar si el embarazo estaba detenido. Todo esto, teniendo él ya las
evidencias de que ya el bebé no estaba vivo y que yo me estaba infectando cada
día más.
El miércoles en la tarde
recibí la llamada del doctor, en la que me daba la noticia oficial de que el
embarazo se había detenido. Luego de decirme eso, me comenzó a hablar de los
costos y la pre-autorización del seguro, que demoraban entre 24 y 48 horas,
para que luego me hicieran el procedimiento.
Obvio que yo, entre mi
dolor, no entendía lo inhumano que estaba siendo el doctor conmigo.
El jueves 13 de diciembre, en compañía de
una gran amiga, voy a urgencias del San Fernando y en menos de 10 minutos ya
tenía puesta venoclisis y habían llamado al Ginecólogo de urgencias a que fuera
a atenderme.
Allí, por primera vez, me
sentí en buenas manos. El Doctor siempre se mostró molesto por cómo me trataron
e impresionado por los brotes de infección que ya estaba manifestando. Me
tuvieron que inyectar penicilina por precaución.
Agradezco a July, Z y Rada,
que estuvieron los 3 ese día a mi lado, sacándome una sonrisa y demostrándome
que los amigos no sólo están en las buenas.
Ni los brotes de la cara, ni
mucho menos la operación, me dolían tanto como el corazón que tenía destrozado.
Como consejo a todas
aquellas mujeres que están en la misma situación que yo: Pregunten siempre cada
cosa de su embarazo, cuestionen a sus ginecólogos y de ser necesarios busquen
segundas y terceras opiniones. No pasen por la tortura que yo pasé.
